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EDAD MEDIA:

En la Edad Media ya era conocido el pan de Neda, en la época de predominio de los Andrade, cuando se decía: “Cocede panadeiras que aí ven Fernán Pérez”.

ÉPOCA DE FELIPE II (AÑO 1580)

La importancia histórica que tiene el pan de Neda, arranca documentalmente, nada menos que del siglo XVI, cuando por orden del rey Felipe II se establecieron en la villa los llamados Hornos de Provisión o Fábricas del Bizcocho, en el año 1588. En ellos se elaboraba la galleta o bizcocho para la Armada que salía de Ferrol a luchar contra Inglaterra; o las que iban o venían de Flandes.

Para el emplazamiento de los hornos, en Neda, se había tenido en cuenta la situación abrigada de la villa, junto a la desembocadura del Río Belelle, que movía varios molinos harineros. También se tuvo en cuenta las calidades del agua para la elaboración de la galleta.

Los hornos estaban ubicados en el lugar llamado hasta hace pocos años “Campos dos Fornos”: un enorme rectángulo desde la calle de “Sobre la villa” hasta el lugar denominado “As Viñas” y “Alto de Piñeiros”.

Estos hornos estuvieron en funcionamiento durante dos siglos.

SIGLO XVIII   MARQUÉS DE LA ENSENADA

Por el Catastro sabemos que en 1752 todavía se cocía pan en los Hornos Reales para las tropas, pero en 1837 únicamente quedaban algunas edificaciones, que en 1860 se pasaban a destinar a Casas Escuela.

SIGLO XIX

En el S. XIX, por referencias en el Diccionario de Madoz, había en Neda 44 molinos harineros y una aceña en la que por medio de máquinas impulsadas por el agua, separaban el salvado de la harina al mismo tiempo que ejecutaban la molienda.

SIGLO XX

A principios del S.XX se registraban 19 molinos, 15 hornos y 43 hombres y mujeres dedicados al oficio panadero.

Llegados al año 1939 debemos hacer dos apartados: uno antes de la Guerra, donde el mercado del trigo era libre de compra y venta; y otro después de la Guerra, cuando se interviene el trigo, dando origen al estraperlo.

Un punto y aparte en la vida de los molinos la constituyó la actividad que se llevó a cabo a partir de 1939 – tras la Guerra Civil- siendo de tan mal recuerdo para todos los que ejercían el oficio de la molienda. En estos años el trigo estaba intervenido por el Estado, siendo el único comprador y vendedor el Servicio Nacional del Trigo. Así pues, tanto la Institución como la Fiscalía Nacional de Tasas se encargaban de dejar, en todos los molineros un triste recuerdo, llevando prácticamente a la ruina a todos los molinos que hacían unas harinas tan exquisitas que dieron fama al pan de Neda.

Pasados unos años se fue suavizando un poco la intervención.